La Botella de La Palmera

En 1929 se celebra en Sevilla la Exposición Iberoamericana inaugurada por Alfonso XIII. Entre los magníficos pabellones que se construyeron para la ocasión había uno comercial que destacó por la curiosidad que despertó. El pabellón Codorniú, sito en la confluencia de la avenida de La Palmera y la calle Páez de Rivera destacaba por su reclamo publicitario que consistía en una enorme botella situada sobre el edificio. Pasada la Exposición terminó como tantos otros pabellones siendo derribado.

En 1957 el propietario del solar D. Armando Soto Ybarra le encargó su residencia familiar al prestigioso arquitecto de la época D. Alfonso Toro Buiza. Desde entonces se conoce como Chalet La Botella.

Al visitar la Exposición de Sevilla atrae desde muy lejos nuestras miradas una botella colosal, notable remate de un magnífico pabellón que sé destaca por su originalidad y elegancia.

Es el pabellón de la Casa Codorníu, hermoso edificio de grandes arcadas (número 1), con fuertes fundaciones de hierro y hormigón. Sirve de pedestal a esa botella gigante, que se eleva a una altura de 27 metros y es visible desde gran distancia. Todo es sólido, de duración ilimitada. Entre el armazón de la botella y las vigas para sujetarla se emplearon 33.000 kilogramos de hierro: más de tres vagones.

La impresión que el pabellón produce es encantadora. Hay una prensa en miniatura (número 7), reproducción de las grandes prensas para 5.000 kilos de uva cada una; un rimero de barricas de 200 litros (número 6), muros de botellas, en envejecimiento (números 4, 5, 6) y pupitres para el removido (números 3 y 8). Botellas de las cuatro clases Non Plus Ultra, Extra, Grand Cremant y Champagne de Reims (números 4 y 5), donde también tiene bodegas Codorníu, adornan los zócalos de las cuatro columnas centrales. Decoran, las paredes seis notables plafones, obra del conocido artista A. Gelabert, muy elogiados, en particular que representa la selección de la uva.